Uno de tres: Tala, La loba roja

Tras estos últimos meses de trabajo desde que acabamos las clases del Máster, estos días por fin se están notando las horas que lleva el prototipo: El HUD va tomando forma, el primer mapa está casi terminado, y los protagonistas van tomando forma poco a poco.

Hoy os vamos a presentar a Tala, La loba roja, silenciosa como un búho en plena caza, letal como una serpiente contra sus enemigos. Os dejamos con algunos concept art que estamos usando para el modelado:

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Concept art de Tala a cuerpo completo

Vestida con ropas holgadas y con un corte de pelo hecho a cuchillo, se podría confundir a Tala con un chico desde lejos, y eso es precisamente lo que se propone. Algo más reservada y callada que Francis y Clyde, le cuesta bastante expresar sus ideas, en parte porque aún no conoce bien el idioma inglés, y también porque no termina de confiar en sus propios compañeros. A pesar de todo, su acerada mirada deja muy clara la opinión de Tala y sus compañeros saben que menospreciarla por ser mujer o india es un error que se paga con la vida.

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Concept art facial, (el peinado no es definitivo)

Las experiencias de Tala le han enseñado que no hay lugar para los indios en la Nueva América que están construyendo los hombres blancos, y si además eres mujer nadie va a respetarte en este mundo. Pero no pasa nada, sabe que un cuchillo puesto en el cuello de cualquier hombre les hace llorar como niños.

En Vault Bandits Tala aporta el factor sigilo del equipo. Capaz de pasar completamente desapercibida, puede esconderse en cajas y otros lugares para tender emboscadas a los guardias. Su destreza con el cuchillo no tiene par, y puede acabar con la vida de cualquiera en un abrir y cerrar de ojos, eso sí, Tala no tiene la fuerza suficiente para poder cargar con los cadáveres, pero de eso se puede encargar Clyde.

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¿Que sería de un forajido sin su pañuelo?

Por último, no hay cerradura que se resista a la destreza de Tala, haciendo de ella la exploradora perfecta para abrirse camino entre los enemigos, sin hacer saltar las alarmas y reconocer el terreno antes de emprender cualquier acción más peligrosa de lo normal. Aunque si tuviéramos que buscar un talón de aquiles, sin duda sería el uso de las armas de fuego. Pese a que Francis le enseñó a Tala cómo disparar y recargar, la desconfianza que le dan las cosas manufacturadas por los hombres blancos la hace muy reticente a usarlas (aunque al menos tiene el sentido común de dispararla si se ve en la necesidad). Eso sí, dadle un arco a Tala, y dejará en ridículo al mismísimo Guillermo Tell.

¡Y hasta aquí la presentación de hoy! Esperamos que os haya gustado, y con suerte, podremos enseñaros el modelo en 3D del personaje muy, muy pronto. Ya sabéis que cualquier comentario nos lo podéis hacer llegar por Twitter a @ProjectDinamita, por Facebook a Dynamite Project o por esta misma página 🙂

¡Un saludo y hasta la próxima!

P.D. Mil gracias a María Casillas, una amiga que nos ha hecho el favor de ayudarnos con los concepts, ¡todos estos que veis son obra suya! :D, y por supuesto a María Alea para los model sheets con los que trabajamos en 3DS MAX y otros concept art de escenarios que nos han ayudado muchísimo 😀

Una del Oeste… Parte II

Hoy continuamos con el relato de la semana pasada, que se quedó justo en el punto más interesante…

Los tres pueblerinos se vuelven a mirar entre sí, y tras asentir con la cabeza, comienza a hablar el que parece ser el mayor:

– Yo lo vi todo desde afuera. Estaba sentado a la sombra de un porche por la tarde, cuando vi a esas tres personas aparecer en el pueblo. No hacían nada raro, aunque me aparecieron sospechosos desde el principio… Uno era muy grande y parecía llevar muchas armas encima, otro iba muy elegante con su traje sombrero y bastón, y el tercero me pareció muy pequeño y delgado.. como si quisiera ocultarse y pasar desapercibido. El caso es que tras llegar al pueblo dejaron los caballos en el abrevadero y se separaron en diferentes direcciones sin decirse nada, como si no se conocieran aunque habían llegado los tres juntos. El del bastón se quedó hablando con un guardia fuera del banco, y los otros dos entraron dentro del edificio a hacer unas gestiones.

Otro de los pueblerinos continúa:

– Yo estaba esperando dentro del banco cuando vi aparecer a ese mamotreto enorme junto con su amiga, y es que, aunque no lo pareciera, ¡estoy seguro de que era una mujer! Una vez dentro cerraron la puerta y esperaron como si fueran clientes normales, aunque la mujer no dejaba de mirar a todos lados, como si estuviese esperando que pasara algo – el tono de voz del pueblerino cambia para expresar la tensión del momento. – De repente, en un abrir y cerrar de ojos, ¡el tío enorme sacó dos escopetas recortadas! y mientras nos apuntaba a mi mujer y a mí, la otra mujer se deslizó veloz y sigilosamente como un zorro desde donde estaba hasta la puerta de seguridad, la abrió y se puso tras el banquero, el cual se vio con un cuchillo en la garganta. Parecían estar discutiendo sobre las llaves de la caja fuerte, pero al final ella le cortó el cuello, así, sin miramientos… Mi señora se desmayó en ese momento y yo acudí a su rescate ¡aunque casi me matan por moverme del sitio!

El pobre hombre mira su vaso con la mirada algo perdida, y tras terminarse lo le quedaba de un trago, lo deja en la mesa y prosigue:

– Entonces lo único que pude ver es que la chica entró en la sala que hay detrás de la puerta de seguridad mientras el tío gigante nos seguía apuntando a mi mujer y a mí. Pasamos unos minutos en silencio, sin movernos, cuando la mujer gritó: “¡Tenemos un problema de los gordos, necesito ayuda explosiva!” Entonces, el tío enorme se me acerca y me dice: “Más te vale quedarte aquí, escoria. Ahora tengo que entrar ahí detrás, pero como oiga un solo ruido o grito salir de tu bocaza, o incluso como oiga abrir la puerta, ten por seguro que te buscaré para hacerte un peinado con ésto”, dijo mientras me plantaba los cañones de la escopeta en la cara. Tras ésto, a los pocos segundos les veo correr y parapetarse detrás de la encimera del banco, justo a nuestro lado.

El otro pueblerino, que no había hablado aún, le interrumpe de repente:

– ¡Usaron dinamita para volar la parte de atrás del banco! Lo sé por los años que estuve de minero en Klondike. La explosión fue bastante potente y, aparte de trozos de madera por todos lados, nadie resultó herido por la explosión, y dada la hora que era y que casi todo el mundo estaba durmiendo la siesta, no salieron a ver lo que pasaba hasta minutos más tarde ¡Pero yo sí que pude ver lo que pasaba!… Uno de los ayudantes del sheriff, que debía estar cerca de ahí, se acercó corriendo, pero nada más cruzó la esquina, acabó en el suelo de dos disparos que le dio el tío grandullón, que estaba saliendo por el agujero de la pared en ese momento y parecía que esperaba a su compañero.

-Tras la explosión entraron corriendo a la sala donde estábamos mi  mujer y yo, y la chica parecía llevar unas bolsas en la mano – comentó el segundo hombre.

– Sí, y tras la explosión, el guardia que antes estaba con el del bastón, salió corriendo a ver que había pasado, y hubiera llegado a tiempo de ver a los forajidos de no ser por el bastonazo que le dio el otro hombre en cuanto se dio la vuelta ¡Lo dejó seco de un garrotazo! Tras eso, el del bastón se dirigió a donde estaban los caballos y comenzó a soltarlos – completó el primer hombre,  tras lo cual sigue hablando el ultimo de ellos:

– Tras montarse el del bastón en el caballo, llevó los otros caballos al lado del agujero en el que estaban esperando sus compañeros, ya cargados con unas bolsas en las manos. Estaban los tres listos para partir cuando un guardia apareció de la nada enfrente de los tres, pero el tío pequeño, el que decís que es una mujer, sacó un arco, y de un flechazo le atravesó la corazón, dejando otro cadáver más en su huida…

La conversación termina mientras los pueblerinos miran sus vasos vacíos y el Gobernador intercambia miradas con el sheriff y el otro hombre:

– Muchas gracias por su historia caballeros. Habéis sido una ayuda inestimable para mí y mis amigos….

Y hasta aquí podemos contar. Aún quedarían unas líneas más para rematar la escena, pero tampoco queremos hacer un spoiler de las cinemáticas que hay entre las misiones, así que aquí lo dejamos por hoy. Espero que os haya gustado y la semana que viene volvemos con algún  post del desarrollo del juego de Vault Bandits. ¡Un saludo y hasta luego!

P.D.: Los créditos de la imagen van de nuevo al creador del cómic “Teniente Blueberry”. ^_^

Una del Oeste….

Bienvenidos una semana más a este humilde blog de estudiantes del Máster de Diseño y Desarrollo de Videojuegos PlayStation First de la UPM. A lo largo de las últimas semanas hemos explicado lo que hemos estado haciendo, así como los problemas que nos hemos ido encontrando. Esta vez me gustaría centrarme en uno de los aspectos más creativos (y divertidos en mi opinión) del proceso de hacer un videojuego: el Diseño.

Aparte de pensar en los combates y las mecánicas, en la fase de diseño entra también el desarrollo de la historia y los personajes. Hoy os vamos a dejar con un pequeño extracto de lo que sería el guión de la introducción del juego, aunque ya avisamos que no es definitivo, y puede que varíe respecto a la versión final. ¡Esperamos que os guste!

Es una agradable tarde de verano, y en un plano americano vemos a un hombre trajeado con una estrella de sheriff, esperando en el pórtico de lo que parece ser la entrada de una gran mansión de un campo de algodón. El seriff observa el camino por el cual se ve aparecer un carromato. Tras llegar justo a donde está él, se bajan del carromato tres hombres vestidos con ropas de labranza. Al bajarse se quitan el sombrero y saludan torpemente al sheriff, mientras miran boquiabiertos la mansión.

– Gracias por aceptar la invitación del Ilustre Gobernador Reynolds – dice mientras se quita el sombrero y saluda a los hombres que acaban de llegar. – Acompáñenme por favor, el Gobernador les está esperando en su despacho.

Los tres pueblerinos se miran entre sí algo desconcertados, y tras encogerse de hombros siguen al sheriff al interior de la mansión.

Mientras avanzan por varias habitaciones, se puede apreciar que el Gobernador vive con todo tipo de lujos y comodidades. Se cruzan con un par de sirvientes por el camino al flamante despacho. Las paredes están cubiertas de estanterías, y donde no hay estanterías hay algún cuadro o tapiz cubriendo la pared. Las estanterías están llenas de libros y algún que otro artilugio metálico bastante raro.

El Gobernador está sentado en la silla tras su escritorio, mirando al ventanal que hay tras éste. En una de las sillas que hay enfrente del escritorio hay otro hombre con cara de malas pulgas. Nada más entrar el sheriff con los invitados, el Gobernador se da la vuelta, se levanta y saluda calurosamente a los pueblerinos mientras el otro hombre permanece sentado y mira fijamente a los recién llegados.

– Bienvenidos a mi humilde morada caballeros, siéntense por favor – dice mientras se levanta de detrás del escritorio y se acerca a darle la mano a cada uno de los pueblerinos. – Espero que el viaje hasta aquí no les haya supuesto muchas molestias. Siéntanse como si estuviesen en sus casas, por favor. Tengo aquí limonada, por si quieren un poco después del viaje, aunque les aviso de que está un poco fuerte. – Les guiña el ojo y se dirige a una mesa sobre la que hay varios recipientes de cristal cerrados y una jarra con lo que parece ser limonada. Se sirve un vaso de la jarra y luego, de otra botella de lo que parece whisky, se echa un buen chorro. Mientras el Gobernador sirve las bebidas, el sheriff les pregunta a los pueblerinos por sus familias. Cuando ya han dado todos al menos un par de tragos y el whisky parece haber templado sus nervios, el Gobernador se sienta de nuevo tras el escritorio.

– Bien muchachos, mi amigo el sheriff Cobb me dijo que presenciasteis un atraco en vuestro pueblo hace unos días… ¡y que sobrevivisteis! – dice mientras alza las manos con un gesto de sorpresa. – ¡No puedo describir con palabras lo mucho que lo siento! Si queremos atrapar a esos perros callejeros debéis ayudarnos,  ya que últimamente nadie que haya visto a esos forajidos ha sobrevivido para contarlo… – Pone gesto de afligido y pesadumbre.

Uno de los pueblerinos se arranca a hablar.- ¡Por supuesto señor Gobernador, ayudaremos en todo lo que podamos! ¡Esos malnacidos deben pagar por lo que hicieron! – dice mientras se levanta alzando los puños en un gesto de furia.

– Está bien, no se puede cambiar lo que pasó, pero seguro que nos podéis ayudar a decidir lo que pasará, así que contadnos… ¿que pasó en el banco aquel día? – pregunta el Gobernador con un deje de sonrisa de medio lado…

Continuará…

P.D. Aclaración: La imagen de la cabecera no la hemos hecho nosotros, sino que pertenece al grandísimo cómic “Teniente Blueberry” ^_^

¡Un saludo y hasta la próxima!

Ya sabéis que cualquier comentario nos lo podéis hacer llegar por Twitter a @ProjectDinamita, por Facebook a Dynamite Project o por esta misma página 🙂