Una del Oeste… Parte II

Hoy continuamos con el relato de la semana pasada, que se quedó justo en el punto más interesante…

Los tres pueblerinos se vuelven a mirar entre sí, y tras asentir con la cabeza, comienza a hablar el que parece ser el mayor:

– Yo lo vi todo desde afuera. Estaba sentado a la sombra de un porche por la tarde, cuando vi a esas tres personas aparecer en el pueblo. No hacían nada raro, aunque me aparecieron sospechosos desde el principio… Uno era muy grande y parecía llevar muchas armas encima, otro iba muy elegante con su traje sombrero y bastón, y el tercero me pareció muy pequeño y delgado.. como si quisiera ocultarse y pasar desapercibido. El caso es que tras llegar al pueblo dejaron los caballos en el abrevadero y se separaron en diferentes direcciones sin decirse nada, como si no se conocieran aunque habían llegado los tres juntos. El del bastón se quedó hablando con un guardia fuera del banco, y los otros dos entraron dentro del edificio a hacer unas gestiones.

Otro de los pueblerinos continúa:

– Yo estaba esperando dentro del banco cuando vi aparecer a ese mamotreto enorme junto con su amiga, y es que, aunque no lo pareciera, ¡estoy seguro de que era una mujer! Una vez dentro cerraron la puerta y esperaron como si fueran clientes normales, aunque la mujer no dejaba de mirar a todos lados, como si estuviese esperando que pasara algo – el tono de voz del pueblerino cambia para expresar la tensión del momento. – De repente, en un abrir y cerrar de ojos, ¡el tío enorme sacó dos escopetas recortadas! y mientras nos apuntaba a mi mujer y a mí, la otra mujer se deslizó veloz y sigilosamente como un zorro desde donde estaba hasta la puerta de seguridad, la abrió y se puso tras el banquero, el cual se vio con un cuchillo en la garganta. Parecían estar discutiendo sobre las llaves de la caja fuerte, pero al final ella le cortó el cuello, así, sin miramientos… Mi señora se desmayó en ese momento y yo acudí a su rescate ¡aunque casi me matan por moverme del sitio!

El pobre hombre mira su vaso con la mirada algo perdida, y tras terminarse lo le quedaba de un trago, lo deja en la mesa y prosigue:

– Entonces lo único que pude ver es que la chica entró en la sala que hay detrás de la puerta de seguridad mientras el tío gigante nos seguía apuntando a mi mujer y a mí. Pasamos unos minutos en silencio, sin movernos, cuando la mujer gritó: “¡Tenemos un problema de los gordos, necesito ayuda explosiva!” Entonces, el tío enorme se me acerca y me dice: “Más te vale quedarte aquí, escoria. Ahora tengo que entrar ahí detrás, pero como oiga un solo ruido o grito salir de tu bocaza, o incluso como oiga abrir la puerta, ten por seguro que te buscaré para hacerte un peinado con ésto”, dijo mientras me plantaba los cañones de la escopeta en la cara. Tras ésto, a los pocos segundos les veo correr y parapetarse detrás de la encimera del banco, justo a nuestro lado.

El otro pueblerino, que no había hablado aún, le interrumpe de repente:

– ¡Usaron dinamita para volar la parte de atrás del banco! Lo sé por los años que estuve de minero en Klondike. La explosión fue bastante potente y, aparte de trozos de madera por todos lados, nadie resultó herido por la explosión, y dada la hora que era y que casi todo el mundo estaba durmiendo la siesta, no salieron a ver lo que pasaba hasta minutos más tarde ¡Pero yo sí que pude ver lo que pasaba!… Uno de los ayudantes del sheriff, que debía estar cerca de ahí, se acercó corriendo, pero nada más cruzó la esquina, acabó en el suelo de dos disparos que le dio el tío grandullón, que estaba saliendo por el agujero de la pared en ese momento y parecía que esperaba a su compañero.

-Tras la explosión entraron corriendo a la sala donde estábamos mi  mujer y yo, y la chica parecía llevar unas bolsas en la mano – comentó el segundo hombre.

– Sí, y tras la explosión, el guardia que antes estaba con el del bastón, salió corriendo a ver que había pasado, y hubiera llegado a tiempo de ver a los forajidos de no ser por el bastonazo que le dio el otro hombre en cuanto se dio la vuelta ¡Lo dejó seco de un garrotazo! Tras eso, el del bastón se dirigió a donde estaban los caballos y comenzó a soltarlos – completó el primer hombre,  tras lo cual sigue hablando el ultimo de ellos:

– Tras montarse el del bastón en el caballo, llevó los otros caballos al lado del agujero en el que estaban esperando sus compañeros, ya cargados con unas bolsas en las manos. Estaban los tres listos para partir cuando un guardia apareció de la nada enfrente de los tres, pero el tío pequeño, el que decís que es una mujer, sacó un arco, y de un flechazo le atravesó la corazón, dejando otro cadáver más en su huida…

La conversación termina mientras los pueblerinos miran sus vasos vacíos y el Gobernador intercambia miradas con el sheriff y el otro hombre:

– Muchas gracias por su historia caballeros. Habéis sido una ayuda inestimable para mí y mis amigos….

Y hasta aquí podemos contar. Aún quedarían unas líneas más para rematar la escena, pero tampoco queremos hacer un spoiler de las cinemáticas que hay entre las misiones, así que aquí lo dejamos por hoy. Espero que os haya gustado y la semana que viene volvemos con algún  post del desarrollo del juego de Vault Bandits. ¡Un saludo y hasta luego!

P.D.: Los créditos de la imagen van de nuevo al creador del cómic “Teniente Blueberry”. ^_^

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